Durante los años 30 y 40, Estados Unidos atravesaba la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. En medio del caos, el jazz se convirtió en la música de evasión por excelencia a través de la “Era del Swing”. El jazz ya no se escuchaba en sótanos clandestinos, sino en suntuosos salones de baile gracias a las Big Bands, grandes orquestas de hasta veinte músicos.
El rey indiscutible de la sofisticación en esta época fue Duke Ellington. Como pianista y director de orquesta en el famoso Cotton Club de Nueva York, Ellington demostró que el jazz podía ser tan complejo y respetado como la música clásica. Compuso más de mil piezas, pintando cuadros musicales con los sonidos de sus músicos. Junto a él, la voz de Ella Fitzgerald (“La Primera Dama de la Canción”) elevó el canto de jazz a la perfección técnica, siendo capaz de imitar con su voz cualquier instrumento de la orquesta con una añadiendo una afinación impecable.
La era del Swing y la sofisticación de las Big Bands
